Zahra Hasnaoui: “Gracias al movimiento revolucionario de los años 70, poco sospecharía la mujer saharaui el vertiginoso viaje hacia la emancipación una vez enrolada en el barco de la liberación nacional hace más de cuatro decenios”

Zahra el Hasnaui nació en El Aaiún, pero reside en España, donde ha escrito prosa tanto en castellano como en hassanía sobre la lucha de su pueblo con especial atención a la mujer. Fue fundadora de la Generación de la amistad, “un grupo de poetas saharauis que pretenden transmitir el sufrimiento de su pueblo, unidos por historias de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras una nubes”, como ellos mismos dicen. Su poesía, que podríamos calificar “de trinchera”, enraiza con las aspiraciones de libertad del pueblo saharaui, por el que sigue luchando desde la diáspora como ella misma nos confiesa.

Voz Saharaui: Como otros miles de saharauis, has terminado viviendo en otro país. Actualmente resides en Guadalajara ¿qué te ha llevado a la diáspora?

Z.H.: La casualidad, no fue una decisión sopesada. Vine a Madrid en 1991 por un asunto personal y a los dos meses se firmó el alto al fuego y el Plan de Paz auspiciado por Naciones Unidas. Decidí  esperar e  irme de aquí directamente a El Aaiún. Mi padre había fallecido ese mismo año y no pude ni enterrarle, tenía que ir a honrar su memoria. Empezamos a soñar con el regreso tan esperado y a preparar los “baúles del retorno” (hay una película con ese título protagonizada por la gran Silvia Munt). Se creó una misión onusiana ad hoc, MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental) que empezaría con la identificación de los votantes y la confección de listas para votar en el referéndum de autodeterminación. Poco nos duró la alegría. Marruecos empezó a poner obstáculos a cualquier intento de realmente llevarlo a cabo.  Uno tras otro, todos los enviados especiales del Secretario General de Naciones Unidas para el Sáhara Occidental fueron claudicando y dimitiendo ante las obstrucciones marroquíes.
Llevamos 30 años esperando.

V.S.: En ocasiones se acusa a la población que vive en la diáspora de «desconectarse» de la causa saharaui, pero lo cierto es que hay una intensa labor de agitación y concienciación por parte de la población saharaui en terceros países. ¿Cuál es la labor de la diáspora en la lucha saharaui? ¿Y cuál dirías que es el principal trabajo de la mujer aquí?

Z.H.: Como nómadas, los saharauis han interpretado la vida a través del movimiento; tenemos en la poesía el refugio mediante el cual se ha narrado la historia, creado la mitología de los años, descrito los accidentes geográficos y recreado la vida del desierto desde la noche de los tiempos. Sin embargo, de unos años para acá, el discurso poético ha añadido a la social y cultural una nueva extensión, la política. En tiempos metralla, la poesía se transmuta en arenga, que a veces se musicaliza, incluso hay un palo de la música bidaní que contempla este fin. A alguna nos vendrá a la memoria varios estribillos y versos que abanderaron el movimiento revolucionario contra la colonización. Igual que hace decenios, las saharauis seguimos cantando, si cabe con más fuerza en la diáspora, el estribillo de una canción revolucionaria que Um Edlaila hizo famosa, “El Sáhara no se vende, no, no se vende”…. El anhelo de ver la tierra libre es el nexo común que alimenta el espíritu de batalla. Conscientes de que el peor enemigo del conflicto es la invisibilidad, las mujeres han creado asociaciones como plataformas de difusión y concreción de objetivos, desde las cuales organizan talleres, charlas y se presenta y representa a la causa en variados foros y países. Cantantes como Mariem Hassan o Azziza Brahim han llevado la voz del Sáhara por los cinco continentes. Mujeres cuyo ejemplo siguen las generaciones jóvenes, estudiantes y licenciadas que han interpretado, pintado, escrito, retratado, bailado y cantado a la libertad personal y nacional, al coraje de un pueblo que resiste, al de una mujer que no se rinde. Gracias al movimiento revolucionario de los años 70, poco sospecharía la mujer saharaui el vertiginoso viaje hacia la emancipación una vez enrolada en el barco de la liberación nacional hace más de cuatro decenios. Si tecleamos Sáhara en buscadores o redes sociales, encontraremos prosa y verso producidos por saharauis en varios idiomas, litigando en una guerra sin armas aparentes, pero igual de feroz y agresiva.

V.S.: Tal y como dice el lema «mujer y migrante, doblemente vulnerable». ¿Has vivido o te has sentido discriminada por tu condición de mujer y de refugiada en otro país? Eres poetisa y profesora, pese a tu calidad literaria y profesional ¿has topado con gente que negase o minusvalorase tu trabajo por ser mujer?

Z.H.: Como mujeres, siempre hay terreno añadido para sentir algún tipo de injusticia. A pesar de que cumplía con todos los requisitos en mi doble vertiente de mujer y refugiada, he de decir que me siento afortunada. Primero, por haber podido recibir una formación que me hace independiente económicamente. Segundo, porque donde vivo actualmente puedo recurrir a la ley para defender derechos establecidos. Y tercero, porque trabajo en la educación pública donde las mujeres no sufrimos, por ejemplo, la brecha salarial. La solución a los diferentes tipos de desigualdad que sufre la mujer está en la coeducación. Si queremos caminar hacia una sociedad justa, toda inversión en educación en este sentido es poca. Parafraseando a Virginia Woolf diría que no sólo necesitamos una habitación propia para escribir, la necesitamos para vivir; en algunos casos, literalmente.

En cuanto a mi faceta como poeta, empezó con la creación en 2005 del grupo de escritores saharauis llamado La Generación de la Amistad, como respuesta a la represión brutal que en mayo del mismo año Marruecos infligió a la sociedad civil saharaui en las zonas ocupadas. Gabriel Celaya decía de la poesía que “… es el canto que espacia cuanto dentro llevamos”. ¿Y qué llevamos dentro las saharauis? Éxodo, guerra, exilio, injusticia, amor, separación, rabia, y ahora, otra vez guerra.  El grupo nace por necesidad, como una nueva plataforma de expresión de la cultura saharaui, aunamos nuestras voces, nuestra protesta y denuncia de la difícil situación impuesta a nuestro pueblo, más de cuatro decenios despojados de casas y patria. Nos definimos como escritores en castellano en reivindicación de ese rasgo que distingue a los saharauis como el único país árabe que habla, piensa y siente en español. Desde el exilio, La Generación de la Amistad Saharaui trabaja con la mirada fija en el Sahara Occidental para romper el muro del silencio, surcándolo de versos de amor y de arena, de sudor y sangre, de sed y espejismos, de sueños y esperanza, de denuncia y reivindicación.

Nadie ignora la incidencia inevitable de la realidad en la literatura de los desterrados, tanto la pasada como la presente. En el viaje hacia lo desconocido, se transporta un amplio bagaje emocional con el que se establece una relación amor-odio. Por una parte, se quiere dejar atrás lo acaecido; por otra, se resiste una a renunciar por constituirse en el nexo, frecuentemente el único, con las raíces.

En la segunda vertiente, surge la necesidad de compartirlo, como si al hacerlo una se despojara, aunque sólo en parte, y sólo por episodios, del dolor intermitente. De hecho, un gran número de especialistas en la materia coinciden en concretar esa reacción en la predisposición del exiliado al testimonio. La aserción se cumple en nuestro caso; a veces de forma inconsciente, a veces dolorosamente consciente, hemos narrado las vivencias personales, diluidas, de forma reiterada, en las colectivas. Demasiados compañeros piden el paso a la palabra: la necesidad de reconstruir los recuerdos borrosos; la de compartir el imborrable; la nostalgia por lugares, familia y amistades; la injusticia nueva, la longeva; la impotencia, la rabia que nos sustenta.

Quizá sea, como apuntaba Michael Ugarte, porque “el exilio es uno de los escasos fenómenos en la historia en que el lenguaje se considera un instrumento más eficaz para el cambio social que la acción política.” Quizá, sólo un instrumento de resiliencia.

POEMA:
Voces

Quizás pienses que tu voz no me llega,
que el malvado siroco la rapta
antes de llenar mis sentidos.
Quizá sueñes que el eco es mudo
el espejo ciego y los versos
se acobardan.
Se agolpan tus clones,
y alborotados pugnan
por salir en blanco y
negro de mi garganta.
A veces escupo,
casi siempre embucho,
ira, sangre, paz, tierra.
Quisiera encadenar
tus manos a las mías,
el techo oscuro
abrir a las estrellas.
Quisiera, los ojos,
limpiar de rabia.
Treinta voces,
treinta veces,
repiten la historia,
porque nadie pudo,
nada puede domar
las voces que rozan el alma.

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